Friday, July 10, 2020

Mártires a lo Cristo por Cristo

Mártires a lo Cristo por Cristo

 
La palabra mártir, del griego [ μάρτυς (mártus)], significa testigo, y da paso a la palabra-acción [ μαρτυρία (martyría)] que significa testimonio, evidencia, atestación (testificación de un testigo), deposición, testificación. 

La polisemia de la dicha palabra es víctima, esto es, una persona humana sacrificada o destinada al sacrificio. 

En el sentido netamente cristiano aquel que defiende a rajatabla la Fe en Nuestro Señor Jesucristo,  y muere en acto heroico por la dicha acción incólume. 

Los mártires son los santos más importantes de nuestra Única y Verdadera Fe Católica, por un lado porque es a través de ellos que comenzó el culto a los intercesores y por otro lado porque están unidos a Cristo antes que todos los demás. 

El martirio no es un suicidio ni un mito. El martirio es un acto de honor, de coraje, de valentía, de acción noble, de holocausto sacrificial,un acto reparatorio, un acto propiciatorio, un acto sublime por la defensa de la Fe en Cristo Jesús Nuestro Rey, Señor y Capitán. 

El mártir de Cristo actua por Cristo, es alter Christus, signo de contradicción, signo de combate. 

Todos aquellos Bautizados en Cristo, y principalmente, todo Bautizado que haya sido absuelto por el Sacramento de la Penitencia, sea devota, pobre y humildemente frecuente en el Sacrosanto Sacramento de la Eucaristía y haya recibido correctamente el Sacramento de la Confirmación, queda habilitado para el martirio. 

Por el bautismo somos sumergidos y empapados de la muerte y resurrección de Jesucristo, por la penitencia nos limpiamos de todo mal y pecado, y por la confirmación quedamos revestidos de las armas para el combate, siendo en la eucaristía alimentados con el pan que nos otorga la única y verdadera vida eterna y el agua de salvación. 

Si por el bautismo y la confirmación somos, ciertamente, enrolados en la Milicia, si ya somos soldados del Ejército de Dios Vivo, si somos efectivos de las filas de las lucha de la Defensa de la Fe, no hay ni habrá nada ni nadie que nos impida dar buen combate activo, y ofrecer nuestra vida al Dios de la Verdadera Vida, dándolo todo porque todo es de Dios, y a Dios regresa. 

Si el Espíritu Santo Paráclito nos imprime ese carácter para el combate, siendo depositarios de Sus Dones, nosotros debemos luchar sin cuartel por la Defensa integra e intacta de la Fe abrazando y enarbolando la bandera de la cruz y sosteniendonos fieles a la Santísima Eucaristía y al Santo Rosario. 

Ay!, de aquellos que rescinden el martirio, y a cambio se venden a la traición. 
Ay!, de aquellos que retroceden en la lucha, y rinden sus armas al enemigo. 
Ay!, de aquellos que le dan la espalda a Cristo Jesús, y favorecen a Satanás. 
Porque serán como aquellos papas, aquellos cardenales, aquellos obispos, aquellos sacerdotes, aquellos laicos que menosprecian el sacrificio de la cruz por unas migajas del demonio. 
Todos aquellos merecen ser pasados por espada y quedar condenados a la muerte eterna en el fuego del infierno. 

«No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. 
Lo que Yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. 
Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 
¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre. 
En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. 
No temáis, pues; vosotros valéis más que muchos pajarillos. 
Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, Yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré Yo también ante mi Padre que está en los cielos. 
No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada.  
Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. 
El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. 
El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. 
El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.» 
(Mt 10:23-39). 

La corona de la victoria, la corona del honor, y la corona de la paz son merecidamente para los santos mártires. Santos y mártires de hecho, nunca de palabra y papel que proviene de la burocracia, corrupción y simonía vaticana innecesaria. Santos y Mártires de hecho reconocidos por Dios Uno y Trino, protegidos y consolarla por Nuestra Señora, la siempre Virgen María, y coadyuvados testimonial y devotamente por el verdadero pueblo de Dios en la Iglesia del silencio de las catacumbas. 

Sin carteles, ni anuncios, simplemente la intercesión de los mártires, ¡los verdaderos héroes de la Fe! 

Todo lo demás negativo y fabricado por la argucia de Satanás, a Satanás. A Dios, solo lo que es de Dios. 

Las mariconadas y cobardías son de los que nunca han profesado, practicado ni evangelizado la Verdadera Fe, todos los cuales forman parte integrante de la Iglesia del Nuevo Orden Mundial de Satanás y que están condenados a morir a fuego. 

Nosotros sigamos ejercitandonos, practicando y combatiendo por la Fe, la Esperzanza, y la Caridad en Nuestro Señor Jesucristo, que Vive y Reina por los siglos de los siglos. ¡Amén! 

⎯Autor: P. Jean-Étienne Sébastian, MSIC®™.