Saturday, January 23, 2021

JESUS SALVADOR, JESUS MEDICO

JESUS SALVADOR, JESUS MEDICO




El leccionario de este domingo toma dos perícopas, que vamos a tomarlas por separado, para luego analizarlas juntas. 

 

"Y sucedió que, estando en una ciudad, se presentó un hombre cubierto de lepra que, al ver a Jesús, se echó rostro en tierra, y le rogó diciendo: 

«Señor, si quieres, puedes limpiarme.» 

Él extendió la mano, le tocó, y dijo: 

«Quiero, queda limpio.» 

Y al instante le desapareció la lepra. Y Él le ordenó que no se lo dijera a nadie. Y añadió: 

«Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» 

Su fama se extendía cada vez más y una numerosa multitud afluía para oírle y ser curados de sus enfermedades. Pero Él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba. 

Un día que estaba enseñando, había sentados algunos fariseos y doctores de la ley que habían venido de todos los pueblos de Galilea y Judea, y de Jerusalén. El poder del Señor le hacía obrar curaciones. En esto, unos hombres trajeron en una camilla a un paralítico y trataban de introducirle, para ponerle delante de Él. Pero no encontrando por dónde meterle, a causa de la multitud, subieron al terrado, le bajaron con la camilla a través de las tejas, y le pusieron en medio, delante de Jesús. 

Viendo Jesús la fe de ellos, dijo: 

«Hombre, tus pecados te quedan perdonados.» 

Los escribas y fariseos empezaron a pensar: 

«¿Quién es éste, que dice blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios?» 

Conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: 

«¿Qué estáis pensando en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: "Tus pecados te quedan perdonados", o decir: "Levántate y anda"? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados, - dijo al paralítico -: 

"A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".» 

Y al instante, levantándose delante de ellos, tomó la camilla en que yacía y se fue a su casa, glorificando a Dios. 

El asombro se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. Y llenos de temor, decían: 

«Hoy hemos visto cosas increíbles.» 

Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: 

«Sígueme.» 

Él, dejándolo todo, se levantó y le siguió. 

Leví le ofreció en su casa un gran banquete. Había un gran número de publicanos, y de otros que estaban a la mesa con ellos. 

Los fariseos y sus escribas murmuraban diciendo a los discípulos: 

«¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?» 

Les respondió Jesús: 

«No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.» 

Ellos le dijeron: 

«Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben.» 

Jesús les dijo: 

«¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días.» 

Les dijo también una parábola: 

«Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. 

Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: «El añejo es el bueno.»" Lc 5:12-39. 

 

"Cuando hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. 

Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Estos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga.» 

Iba Jesús con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: 

«Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: "Vete", y va; y a otro: "Ven", y viene; y a mi siervo: "Haz esto", y lo hace.» 

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: 

«Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande.» 

Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano. 

Y sucedió que a continuación se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. 

Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: 

«No llores.» 

Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: 

«Joven, a ti te digo: Levántate.» 

El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. 

El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: 

«Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». 

Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina. 

Sus discípulos llevaron a Juan todas estas noticias. Entonces él, llamando a dos de ellos, los envió a decir al Señor: 

«¿Eres tú el que ha de venir, o debemos esperar a otro?» 

Llegando donde Él aquellos hombres, dijeron: 

«Juan el Bautista nos ha enviado a decirte: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» 

En aquel momento curó a muchos de sus enfermedades y dolencias, y de malos espíritus, y dio vista a muchos ciegos. Y les respondió: 

«Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» 

Cuando los mensajeros de Juan se alejaron, se puso a hablar de Juan a la gente: 

«¿Qué salisteis a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salisteis a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? ¡No! Los que visten magníficamente y viven con molicie están en los palacios. 

Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta. Este es de quien está escrito: He aquí que envío mi mensajero delante de ti, que preparará por delante tu camino. 

«Os digo: Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan; sin embargo el más pequeño en el Reino de Dios es mayor que él». 

Todo el pueblo que le escuchó, incluso los publicanos, reconocieron la justicia de Dios, haciéndose bautizar con el bautismo de Juan. Pero los fariseos y los legistas, al no aceptar el bautismo de él, frustraron el plan de Dios sobre ellos. 

«¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? 

Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: "Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonado endechas, y no habéis llorado»". «Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: "Demonio tiene." 

Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores." 

Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos.» 

Un fariseo le rogó que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. 

Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Él, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: 

«Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora.» 

Jesús le respondió: 

«Simón, tengo algo que decirte.» 

Él dijo: 

«Di, maestro.» 

Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?» 

Respondió Simón: 

«Supongo que aquel a quien perdonó más.» 

Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: 

«¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» 

Y le dijo a ella: 

«Tus pecados quedan perdonados.» 

Los comensales empezaron a decirse para sí: 

«¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?» 

Pero Él dijo a la mujer: 

«Tu fe te ha salvado. Vete en paz.»" (Lc 7:1-50). 

De habla todos esto. Acaso no habla de la Gran Desolación que todos sufrimos con la llegada del Anticristo, y el castigo de Dios a todos los pecadores que no han querido marcar su casa con la señal anunciada, y por eso el ángel de la muerte, no discrimina y mata por doquier con esta Pandemia del COVID-19. Los necios ni cuentan se dan cuenta de que Satanás aprovecha para sembrar la mentira haciendo pasar lo falso por seudo-verdad, y haciendo que su Falso Profeta continúe con los herejes, sacrilegios y profanaciones para hacerle camino al Anticristo. 

 

Contagio, enfermedad, muerte, contagio, enfermedad, muerte, contagio, enfermedad y muerte. Y todos como idiotas queriendo volver a la subrealidad en la que vivían, en la superficialidad que adoraban, en la mentira en la que estaban pecando. 

 

Y entonces, se lanza ahí en el lecho del dolor, del sufrimiento, de la soledad, de la necesidad: ¿cómo salvarnos? Nosotros ya lo hemos dicho, predicado, y evangelizado una y otra vez y ustedes no quieren oír, no quieren convertirse, no quieren volver a Dios, prefieren la misa satánica en donde le dan la espalda a Dios, no quieren hacer penitencia, no quieren hacer ayuno, no quieren hacer abstinencia, solamente quieren plata, sexo, y mentir, esto es pecar. 

 

Pero Dios es Misericordioso, ha claro, Misericordioso pero no idiota. Los necios son ustedes que prefieren permanecer en la Iglesia del Nuevo Orden Mundial de Satanás, haciéndole caso a todo lo que vomite Bergoglio, el Falso Profeta del Apocalipsis y los obispos de Satanás. 

 

Cristo ciertamente puede curarles, solamente si se convierten quedarán salvos. Acaso no se dan cuenta que Nuestro Señor Jesucristo califica el pecado como motivo de la enfermedad. Necios, convertíos ahora mismo, y dejad de seguir a Satanás. Vengan e inclinen todo su cuerpo al suelo porque Nuestro Dios no tendrá ninguna Misericordia con los impíos. 

 

Si, Cristo quiere sanarlos pero ustedes no quieren. Lo piden superficialmente pero no cambian todo su ser. Además, el Señor no necesita que le llames, El sabe todo lo tuyo mucho más que tú mismo, pero como no te da la gana de dejar de pecar, de dejar de ir a la misa satánica, de seguir todo lo que te orden el Falso Profeta, y pronto el Anticristo, entonces, para que mas llamarte a la reflexión si no quieres. Debes estar contento, porque todo lo que te pasa es porque has sido malo y eres pecador. 

 

Ese sufrir, ese dolor, esa soledad, esa necesidad, no es nada comparado con lo que vas a sufrir en el mero infierno eternamente. 

 

Por qué no quieres salvarte, es fácil, te gusta pecar. Si hicieras penitencia, ayuno, abstinencia, oración y buenas obras de misericordia, Nuestro Señor Jesucristo diría: “Quiero, curate, quedan perdonados tus pecados”, pero pretendes que un curita pedofilo y simonero te de la absolución cuando es un hereje apostata que tambien ira directo al infierno por traidor a Dios. 

 

Tu eres como aquel que se está ahogando en un mar picado, y se te lanza el salvavidas pero no lo quieres agarrar porque no te da la gana. Entonces, te hundes a lo profundo del mar, y mueres. 

 

Los medios de curación = salvación existen. No depende de nosotros que agarres el salvavidas sino de ti mismo que pongas de tu parte y lo tomes ahora mismo porque mañana o dentro de unas milésimas de segundo ya estarás bien muertito y de camino al infiernito. 


Tridentine Mass of the Third Sunday after the Epiphany on Sunday, January 24, 2021 + Misa Tridentina del Tercer Domingo después de la Epifanía, el Domingo 24 de Enero de 2021

🙏🙏🏽🙏🏾✝️🙏🏼🙏🏻🙏🏿 Tridentine Sung Mass of the Third Sunday after the Epiphany on Sunday, January 24, 2021  🛐

 🙏🙏🏽🙏🏾✝️🙏🏼🙏🏻🙏🏿 Missa Tridentina Cantata del Tercer Domingo después de la Epifanía, el Domingo 24 de Enero de 2021 🛐