Predicación del Tercer Domingo de Adviento (Gaudete), Domingo 13 de Diciembre de 2020
"Por tanto, hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona, manteneos así firmes en el Señor, queridos.
Ruego a Evodia, lo mismo que a Síntique, tengan un mismo sentir en el Señor.
También te ruego a ti, Sícigo, verdadero «compañero», que las ayudes, ya que lucharon por el Evangelio a mi lado, lo mismo que Clemente y demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el libro de la vida.
Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres.
Que vuestra mesura sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.
No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias.
Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Por lo demás, hermanos, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta.
Todo cuanto habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, ponedlo por obra y el Dios de la paz estará con vosotros.
Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos.
No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo.
Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación.
Todo lo puedo en Aquel que me conforta.
En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación.
Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuentas de «haber y debe», sino vosotros solos.
Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con que atender a mi necesidad.
No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta.
Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodrito lo que me habéis enviado, suave aroma , sacrificio que Dios acepta con agrado.
Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús.
Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Os saludan los hermanos que están conmigo.
Os saludan todos los Santos, especialmente los de la Casa del César.
La gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu."
(Flp 4:1-23)
"En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.
Ella estaba en el principio con Dios.
Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe.
En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. 6.Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 7.Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él.
No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.
La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció.
Vino a su casa, y los suyos no la recibieron.
Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.
Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.»
Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia.
Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.
Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»
El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo.»
Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.» - «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»
Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías.»
Los enviados eran fariseos.
Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?»
Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»
Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.
Al día siguiente ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Este es por quien yo dije: Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.
Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel.»
Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.
Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: "Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo."
Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios.»
Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. 36.Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús.
Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí - que quiere decir, "Maestro" - ¿dónde vives?»
Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.
Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.
Este se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» - que quiere decir, Cristo.
Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» - que quiere decir, "Piedra".
Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme.»
Felipe era de Betsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro.
Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret.»
Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dice Felipe: «Ven y lo verás.»
Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»
Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?» Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.»
Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel.»
Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»
Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»"
(Jn 1:1-51)
El Señor viene, y no me estoy refiriendo a la celebración de su Natividad, me estoy refiriendo a la Parusía. Que no los fanáticos del Novus Ordo, misa satánica, de la Iglesia del Nuevo Orden Mundial de Satanás, a nosotros fieles creyentes y servidores de Cristo y Maria, no nos debe preocupar, pero si rezar por la conversión de los pecadores que merezcan el perdón divino mediante la absolución de un santo sacerdote confesor sacramental, alma víctima, dentro del rito tridentino.
Ahora, por qué no nos debe preocupar, porque todos ustedes en esta comunidad del silencio de las catacumbas la Eucaristía, la Palabra y las Obras son hechas conforme a la sacrosanta tradición. Varias veces repetimos, repetimos, repetimos, convocamos, hablamos, y nada, tercos, aquellos herejes insisten en pecar, pecar, y pecar contra Dios. “Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”. Nuestro Señor Jesucristo ha bajado el brazo que colgaba en la cruz, y el gran castigo será severo y masivo, Nuestra Señora, la siempre Virgen Maria, a través de sus apariciones, y en las visiones de santos y beatos que durante todo este año hemos venido citando en nuestras predicaciones, junto con el milenarismo patristico indican que Nuestro Señor, Justo Juez actuara como lo cita el Éxodo:
"Dijo Dios a Moisés y Aarón en el país de Egipto:
«Este mes será para vosotros el comienzo de los meses; será el primero de los meses del año.
Hablad a toda la comunidad de Israel y decid:
El día diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado menor por familia, una res de ganado menor por casa.
Y si la familia fuese demasiado reducida para una res de ganado menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda comer.
El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo escogeréis entre los corderos o los cabritos. Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos luces. Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el dintel de las casas donde lo coman.
En aquella misma noche comerán la carne. La comerán asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas.
Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con su cabeza, sus patas y sus entrañas. Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre al amanecer lo quemaréis. Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas, calzados vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y lo comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor tu Dios.
La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el país de Egipto.
Este será un día memorable para vosotros, y lo celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre».
«Durante siete días comeréis ázimos; ya desde el primer día quitaréis de vuestras casas la levadura. Todo el que desde el día primero hasta el día séptimo coma pan fermentado, ese tal será exterminado de en medio de Israel.
El primer día tendréis reunión sagrada; también el día séptimo os reuniréis en reunión sagrada. Ningún trabajo se hará en esos días, salvo la comida para cada uno. Esto es lo único que podréis hacer.
Guardad la fiesta de los Ázimos, porque en ese mismo día saqué Yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto.
Guardad este día de generación en generación como decreto perpetuo.
Comeréis ázimos en el mes primero, desde la tarde del día catorce del mes hasta la tarde del día veintiuno.
No habrá levadura en vuestras casas por espacio de siete días; todo aquel que coma algo fermentado, sea forastero o natural del país, será exterminado de la comunidad de Israel.
No comeréis nada fermentado; en todo lugar donde habitéis, comeréis ázimos.»
Llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les dijo: «Id en busca de reses menores para vuestras familias e inmolad la pascua.
Tomaréis un manojo de hisopo, lo mojaréis en la sangre que está en la vasija y untaréis el dintel y las dos jambas con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá de la puerta de su casa hasta la mañana. Dios pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la sangre en el dintel y en las dos jambas, el Señor Nuestro Dios pasará de largo por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en vuestras casas para herir. Guardad este mandato como decreto perpetuo para vosotros y vuestros hijos.
También guardaréis este rito cuando entréis en la tierra que os dará Dios, según su promesa. Y cuando os pregunten vuestros hijos: "¿Qué significa para vosotros este rito?", responderéis: "Este es el sacrificio de la Pascua de Yahveh, que pasó de largo por las casas de los israelitas en Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas."» Entonces el pueblo se postró para adorar.
Fueron los israelitas e hicieron lo que había mandado Dios a Moisés y a Aarón; así lo hicieron.
Y sucedió que, a medianoche, el Señor Nuestro Dios hirió en el país de Egipto a todos los primogénitos, desde el primogénito de Faraón, que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito del preso en la cárcel, y a todo primer nacido del ganado.
Levantóse Faraón aquella noche, con todos sus servidores y todos los egipcios; y hubo grande alarido en Egipto, porque no había casa donde no hubiese un muerto.
Llamó Faraón a Moisés y a Aarón, durante la noche, y les dijo: «Levantaos y salid de en medio de mi pueblo, vosotros y los israelitas, e id a dar culto a Dios, como habéis dicho.
Tomad también vuestros rebaños y vuestras vacadas, como dijisteis. Marchaos y bendecidme también a mí.»
Los egipcios por su parte instaban al pueblo para acelerar su salida del país, pues decían. «Vamos a morir todos.»
Tomó, pues, el pueblo la masa, antes que fermentara y, envolviendo en los mantos las artesas de la harina, se las cargaron a hombros.
Los israelitas hicieron lo que les dijo Moisés y pidieron a los egipcios objetos de plata, objetos de oro y vestidos.
Dios hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, los cuales se los prestaron. Así despojaron a los egipcios.
Los israelitas partieron de Ramsés hacia Sukkot, unos 600.000 hombres de a pie, sin contar los niños.
Salió también con ellos una muchedumbre abigarrada y grandes rebaños de ovejas y vacas.
De la masa que habían sacado de Egipto cocieron tortas ázimas, porque no había fermentado todavía; pues al ser echados de Egipto no pudieron tomar víveres ni provisiones para el camino.
Los israelitas estuvieron en Egipto 430 años.
El mismo día que se cumplían los 430 años, salieron de la tierra de Egipto todos los ejércitos de Dios.
Noche de guardia fue ésta para Dios, para sacarlos de la tierra de Egipto. Esta misma noche será la noche de guardia en honor de Dios para todos los israelitas, por todas sus generaciones.
Dijo Dios a Moisés y a Aarón:
«Estas son las normas sobre la Pascua: no comerá de ella ningún extranjero.
Todo siervo, comprado por dinero, a quien hayas circuncidado, podrá comerla. Pero el residente y el jornalero no la comerán.
Se ha de comer dentro de casa; no sacaréis fuera de casa nada de carne, ni le quebraréis ningún hueso.
Toda la comunidad de Israel la celebrará.
Si un forastero que habita contigo quiere celebrar la Pascua de Dios, que se circunciden todos sus varones, y entonces podrá acercarse para celebrarla, pues será como los nativos; pero ningún incircunciso podrá comerla.
Una misma ley habrá para el nativo y para el forastero que habita en medio de vosotros.»
Así lo hicieron todos los israelitas. Tal como había mandado Dios a Moisés y a Aarón, así lo hicieron. Y en aquel mismo día sacó Dios del país de Egipto a los israelitas en orden de campaña."
(Ex 12:1-51)
El que lea que entienda, dice Cristo, pero aquellos herejes que se hacen llamar “católicos” pero no lo son porque están excomulgados, se ríen de Nuestro Señor Jesucristo.
Esos apostatas celebran el Nacimiento del Anticristo, y no festejan la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Prefieren tirarse al suelo y adorar a Satanás, en lugar de postrarse rostro cubierto al suelo y adorar a Dios.
Esos anatemas celebran con grandes comilonas, en donde tragaran y se atragantaran hasta reventar, carne de gusanos, estiércol de estiércol, bacanales y orgías, gritos, saltos, baile y raje. ¡Vanidad de vanidades! (Qo 12:8).
Y ahorita mismo se están quejando, ahorita mismo, de la segunda ola de la pandemia del COVID-19. Pobres estupidos, no se dan cuenta que el castigo es no solo de varias pandemias a la vez, de una hambruna, de la injusticia, de desastres nunca vistos, y que su dinero no valdrá nada de nada. Pueden tirarse como chanchos al sol en la playa, hasta que el cáncer los carcoma todo en todo.
Llegarán los momentos en que uno le saque el ojo al otro, ya lo estamos viendo y oyendo, que lo que lo injusto lo hacen justo, que la mentira la pasan por verdad, que lo no hecho lo toman por obrado. Y así no quieren que los castigue Dios. Pues el castigo viene sin misericordia.
Por eso a ustedes se les ha consagrado al Sagrado Corazón de Jesús, por eso sus hogares están entronizados al Sagrado Corazón de Jesús, por eso sus almas están plenamente consagradas como almas víctimas al Sagrado Corazón de Jesús, y todo por intermedio del Inmaculado Corazón de María, ella Señora Nuestra, pisara pronto la cabeza de Satanás y San Miguel Arcangel con los Ejércitos Celestiales enviaran a los demonios al lugar del encierro eterno.
No os preocupéis, vosotros sois ya salvos, manteneos fieles y fervorosos servidores de Cristo y María.
Por eso, este Tercer Domingo de Adviento es denominado con la palabra latina Gaudete porque vosotros habéis de regocijaros en el Señor Nuestro, que sí, que conmemoramos con suma alegría su glorioso nacimiento como todos los años, pero que pronto estará con nosotros en la Parusía.
Por eso los demonios en los poseídos en los exorcismos gritan “ya viene, ya viene”, el Señor Jesús, Nuestro Rey y Señor viene para condenar a los herejes, para salvarnos, para matar al Falso Profeta, combatir al Anticristo, y desterrar de una vez por todas de este mundo a Satanás y sus demonios.
Gloria a Dios en los cielos y paz en la Tierra que Ama el Señor.
El Señor nos guarde del maligno.
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
——Predica del R.P. César Arana Castro, O.T.
Tercer Domingo de Adviento (Gaudete), Domingo 13 de Diciembre de 2020